viernes, 14 de enero de 2011

Querido Carlos

Te escribo esta carta debido a que una de nuestras profesoras del máster nos ha invitado a reflexionar sobre cuál es el profesor que más recordamos de nuestra etapa de enseñanza secundaria. Sin duda, esa persona eres tú.

Tu carácter estricto y, aparentemente autoritario,  nos dejó desde el primer dia a todos y a cada uno de nosotros sentados en la silla como pasmarotes. Pero no, no era miedo aquello que sentíamos. Era un profundo respeto. Es cierto que tu aspecto físico, tu mirada profunda y tu voz grave invitaban a ello. Fuiste muy claro desde el primer día, no te andabas con tonterías. Estableciste tus normas y nadie las incumplió jamás.

La asignatura que impartías era Historia, y la vivías de tal forma que nos impregnabas de toda esa intensidad. Tus clases eran magistrales, y sin embargo, jamás se me escapó ningún bostezo, jamás se escapó mi atención hacia mis "preocupaciones" de pequeña adolescente. Tu forma de explicar la Historia era especial. Lo transformabas de modo que un día pareciera una película, otro día una anécdota que todos pudiéramos haber vivido diez siglos atrás o un capitulo de la mejor serie de risa. Eras serio, jamás se te escapaba una sonrisa, pero a todos nosotros nos hacías sonreir. Siempre recordaré cuando pasabas lista y bromeabas con mi largo apellido... te detenías durante segundos a redactarlo completo y a finalizarlo siempre con "y todos los Picos Europeos..." (te explayabas más, pero es lo único que puedo recordar).

Eres la persona más culta que jamás he conocido. Creo que ese era tu secreto. Eras un profundo conocedor de todo aquello que explicabas, y te tomabas la libertad de explicarlo de manera que nos resultara divertido, entretenido. Salíamos de clase con ganas de comentarlo entre nosotros, de echarnos unas risas, incluso hablarlo luego en casa. "¿Sabéis qué?, hoy nuestro profe de Historia nos ha contado que cuando Hernán Cortés y todo su ejército se enfrentaron a los mayas, ahí estaban ellos, los pobres, imagínatelos, con sus plumas, sus escudos de madera ... y los españoles con sus caballos, sus trabucazos... vamos, que se cagaron por la pata abajo". Sí sí. Así lo contabas, tan políticamente incorrecto, con toda tu seriedad. Alternábamos el interés de tus explicaciones con la risa, y así aprendíamos. Creo que ahí radica el poder de la enseñanza. La verdadera recompensa de ser profesor.


Conseguías que todo aquello que explicaras se marcara a fuego en mi memoria, y aunque a pesar del tiempo transcurrido mucho ya he olvidado, no olvido la importancia que tenían tus clases en aquel periodo de mi vida. Esperaba y deseaba que llegara esa hora.

Tú hiciste que adorara la Historia.


Un abrazo, mi querido profesor.

Tribus urbanas: Los emos


La necesidad de pertenencia a un grupo, en mayor o menor medida, es una característica inherente a la raza humana. Esta necesidad está presente en las distintas etapas del desarrollo, pero es en la adolescencia cuando adquiere mayor relevancia. Es en este periodo en el que a la mayoría de los humanos les surge la toma de decisión de incluirse en uno u otro grupo social, que denominaremos tribus urbanas. La pertenencia a estos grupos, la mayoría de las veces, suele carecer de permanencia, pues conforme la persona va madurando tiene unas características muy distintas a los años anteriores y necesita formar parte de otro grupo social más acorde con éstas.

En este caso tomaremos como ejemplo la tribu social denominada “Los emo”. Como nos dice el artículo, los emo se caracterizan por su actitud depresiva y negativa hacia la vida, con una sensibilidad extrema que les lleva incluso a herirse a ellos mismos (cortes en los brazos o piernas).  Su estilismo está caracterizado por la predominancia del color negro con toques generalmente de rosa fucsia, maquillaje exagerado (incluso en chicos) y el pelo en parte planchado y  encrespado cubriéndoles parcialmente (o en ocasiones totalmente) la cara.

Pese a que el origen de esta tribu tiene una base musical (surgimiento del emo-core en Washington a mediados de los 80, una vertiente del post-hardcore caracterizada por una mayor carga emocional en las letras), en los últimos años ha derivado en una transformación extrema de su identidad “sensible y emocional”, hasta el punto de que muchos de los grupos musicales anteriormente conocidos como emo huyen de esta denominación.

Teniendo en cuenta de que dentro de cada tribu hay distintos niveles y vertientes, los jóvenes que integran esta tribu social, aunque en el artículo se hace hincapié en ello, no tienen por qué haber vivido experiencias traumáticas en su infancia o familia, en la mayoría de los casos simplemente exageran (y en ocasiones inventan) los momentos duros de toda su experiencia de modo que resulte acorde con el grupo social que integran. Son muy sensibles y suelen centrar su existencia en el amor o en la carencia de él, y no dudan en escribir textos extremadamente románticos a su “amado/a”, hacer apología del suicidio o hacerse tatuajes con cuchillas en distintas partes del cuerpo.

La necesidad de los adolescentes de formar parte de un grupo social suele surgir como acto de rebeldía hacia el mundo autoritario (generalmente de los padres o de al escuela), así como para hacerse diferenciar del resto, aunque paradójicamente están adquiriendo una apariencia en masa idéntica con su mismo grupo social. Formando parte de un grupo social también consiguen sentirse aceptados, útiles y especiales entre sus iguales.

Para finalizar, estas características son comunes a todos los grupos sociales que surgen en la adolescencia, desde los nerd, los bakalas, los raperos o los mods. Cada uno tiene unas características muy distintas pero todos surgen como contraposición a otros grupos sociales, como necesidad de identidad y pertenencia y para compartir los gustos comunes. Cabría destacar que suelen determinar niveles culturales distintos debido a los intereses de unos u otros. Como ejemplo e intentando no generalizar, mientras que los nerds, los rockeros y los mods (a pesar de sus diferencias y rivalidades) sienten una gran curiosidad por adquirir cultura tanto musical como cinéfila o artística, los bakalas suelen centrar sus intereses en la música que en concreto escuchan (música electrónica sin letra o con letra carente de contenido), y suelen verse envueltos en mayor medida que otros grupos en la rebeldía extrema y en muchos casos la delincuencia (violencia, drogas, etc.). Hay que puntualizar que el consumo de las drogas, a pesar de la mayor información que caracteriza a la sociedad actual, está cada vez más extendido entre los adolescentes y en edades más tempranas, teniendo más incidencia en unas tribus sociales que en otras pero que puede darse en cualquiera de ellas en mayor o menor medida, visto también como un medio de pertenencia al grupo.

De Maite para Berni


Querida maestra,

No sé muy bien cómo comenzar esta carta sabiendo que es casi imposible que sepas que la he escrito, igual que es muy difícil que sepas que constituyes un referente importantísimo para mí. Es una lástima, porque supongo que a todo el mundo nos gusta que nos reconozcan el esfuerzo y la dedicación, no por vanidad sino por satisfacción ante el trabajo bien hecho.
Fuiste mi profesora en 3º de la E.S.O., en la asignatura que, desde que la impartiste tú, fue mi favorita. Además ese fue el curso más complicado para mí, donde más cambios experimenté y donde me enfrenté al mayor reto de mi adolescencia, que era empezar a definir mi identidad. Pero no eres la mejor profesora que haya tenido por unas razones tan circunstanciales como estas, sino por muchas cosas más importantes que llevo bien grabadas.
Geografía. La maldita geografía y los mapas políticos; ¿para qué tengo que saber dónde está Ulan Bator o Libreville, si ni siquiera son destinos turísticos?, ¿qué me aporta a mí conocer el clima de la Estepa Rusa?, ¿en serio un trabajo en grupo sobre el PIB?. Odiaba las ciencias sociales; mis profesores de 1º y 2º de la E.S.O. fueron horribles y no hice más que memorizar de un día para otro nombres y fechas y párrafos estúpidos. Afortunadamente siempre se me dio bien y, en comparación con el resto de compañeros, era una buena estudiante desde pequeña y siempre sacaba de las mejores notas. Pero era aburrido, absurdo y frustrante.
Y con ese hastío llegué al temido Instituto. Llegué y cambiaron los compañeros, el ambiente, los recreos (madre mía, ¡podíamos salir a la calle!), los profesores… Y llegó mi "pavo". Llegó un poco tarde, sobretodo para ser chica, pero era 3º de la E.S.O. y llegó con fuerza. Recuerdo que el primer día aparecí vestida con ropa de Zara niños y al finalizar el curso iba con la de Bershka y botas Mustang (sí, las malditas modas deberían desaparecer, sobretodo la época "bakala"). Ya ese primer día eché un vistazo alrededor y descubrí que para integrarme bien en el "insti" no podía llevar una camiseta tan holgada y cómoda; los cambios físicos que había ido experimentando desde hacía bien poco serían bastante más visibles, ¡qué vergüenza!, pero… ¿acaso no llevan todas camisetas ajustadas?
Te tocó hacer la presentación del curso, y aunque nos portamos muy bien porque casi no nos conocíamos al ser la primera clase, me caíste fatal. Primera hora del primer día y ya tuvimos que rellenar un examen (para “conocer nuestro nivel inicial”) y copiar los criterios de evaluación, además de presentarnos humillantemente ante el resto de compañeros, una idea monstruosa teniendo en cuenta que había algunos guapísimos y que quería hacerme la interesante…
En su momento te odié por hacer que la Geografía, que siempre había sido una "maría", nos ocupara tanto tiempo de estudio y trabajo. Todas las semanas tenía que reunirme con mi grupo de trabajo l(os jueves de 5 a 6, todavía me acuerdo) para completar la revista geográfica por la que nos evaluabas, hacer todos los ejercicios que mandabas e ir estudiando las lecciones de clase porque siempre preguntabas al día siguiente. El nivel de exigencia era muy alto, el más alto de todas las asignaturas, y eras muy rígida y jamás hubo problemas de comportamiento en clase; pero nunca fuiste dictatorial, siempre nos dedicabas una sonrisa y a veces contabas chistes. Y los trabajos sobre Japón, Egipto y Corea del Norte (los tres países que me tocaron) fueron los más apasionantes que he hecho en mi vida, y las tutorías que tuvimos juntas para prepararlos, las más motivadoras. La geografía política, la multiculturalidad, la comparación de las distintas políticas y niveles de desarrollo de los países y las sociedades, me abrieron todo un mundo, por no hablar de incentivar mi espíritu viajero. Por supuesto, todo esto lo guardaba para mí, no fuera a ser que mis compañeros descubrieran que me estaba convirtiendo en una "friki" de la asignatura más "hueso" de todas… había que guardar las apariencias.
Recuerdo el día en que Javi pegó a Alex por acercarse demasiado a su novia… toda la clase se reunió en dos bandos y cuando apareciste por la puerta aquello era la jungla. Yo, que era la delegada y por tanto la “abogada de pleitos pobres” como me llamaste, intentaba que dejaran de pelearse a voz en grito, no por el ruido que estaban montando ni los golpes que estaban sufriendo, sino porque el rol que había asumido era el de llevarme bien con todos para aspirar a ser la más popular o "miss simpatía". Qué tonta ilusa, jamás lo conseguí, porque es obvio que no son esas las cosas que en el "insti" se tenían en cuenta para ascender en popularidad. Apareciste en la clase, te metiste en la pelea y separaste serenamente a los "malotillos", que ante tu tranquila reacción se quedaron petrificados. No hizo falta que dijeras nada; todos nos sentamos y esperamos que comenzara la clase; nos hipnotizabas tanto que estábamos totalmente descolocados y expectantes. Al final de la clase te llevaste a Javi y Alex para hablar, y misteriosamente la "movida" acabó ahí y volvieron a ser los mejores amigos.
Pero el mejor recuerdo que me llevo de ti es cuando sabías que lo estaba pasando mal y me invitaste a hablar en tu despacho. Yo no sabía que ya habías hablado con mis padres preocupada ante mis cambios continuos de actitud y humor. Estabas realmente preocupada por mí, y eso significó mucho, tanto que me acuerdo que pensé que la vida podía ser maravillosa si la vivía como tú: transmitiendo la mejor de las lecciones, que es la del respeto y la inquietud por conocer el mundo.
No te conozco personalmente, pero estoy segura de que aprovechas las tardes para preparar concienzudamente tus clases y leer sobre adolescentes, y cada fin de semana descubres un sitio nuevo; tus vacaciones de verano seguro que son en los lugares más lejanos del planeta, y tienes tantos amigos de tantos países que has aprendido 8 idiomas. 

¿Cómo no vas a ser un referente?

A los trece

Sinopsis de la película:

Tracy es la protagonista de la historia, una estudiante ejemplar de 13 años que vive con su madre y su hermano mayor. Al principio de la película sus amigas y ellas son criticadas por algunos de los compañeros de instituto debido a su imagen inocente e infantil. Como está entrando en la adolescencia y lucha por conseguir definir su personalidad, pide a su madre ir de compras para cambiar su estilo y sentirse mejor adaptada. El cambio tiene éxito, pues Evie, una de las chicas más populares del instituto, se fija en su look y la invita a ir de compras a un centro comercial.
Allí Evie roba el monedero de una señora para que ambas puedan comprarse la ropa deseada, y las dos chicas se hacen amigas por la admiración que Evie causa en Tracy. La historia aquí avanza frenéticamente y Tracy saca el lado más rebelde de su personalidad: en lo que pretende ser una llamada de atención por su angustia ante el reciente divorcio de sus padres se corta los brazos, deja de lado a sus amigos de siempre, se despreocupa por los estudios, se hace muy popular en el instituto al reproducir la manera de ser de Evie…
Las dos amigas se hacen inseparables, y empiezan a pasar mucho tiempo juntas y hacer cosas inimaginables para la Tracy del comienzo de la película; seducir conjuntamente a un chico mayor, roban, se hacen piercings, inhalan un gas que les medio-intoxica y produce risa, practican sexo oral a unos chicos, se producen cortes en la piel y se inician en el consumo de drogas.
La madre de Tracy, aunque se preocupa de los cambios que ve en su hija, no es consciente de hasta qué punto está realizando actividades perjudiciales y que pueden causarle problemas de todo tipo. Pero la madre de Evie (también despreocupada e inconsciente de todo lo que está ocurriendo) descubre drogas en su habitación y van a hablar con la madre de Tracy, acusando a la protagonista de ser una mala influencia para Evie. Descubren que efectivamente hay droga y cosas robadas en la habitación de Tracy y, cuando ésta llega del instituto, se encuentra a las tres preocupadas, enfadadas y que ha perdido a su nueva mejor amiga porque la acusa de haberla llevado por el mal camino y han decidido trasladarse para apartarse de ella.
La madre de Tracy está totalmente bloqueada por la situación y la constancia de todos estos problemas; observa los cortes en los brazos de su hija y los besa con amor, abrazándola fuerte y compartiendo su dolor.


Recomendamos muy fuertemente la película, porque nos parece que refleja una realidad que lamentablemente está ahí y debemos ser conscientes de ello para poder enfrentarnos a situaciones “extremas” como esta, y no mirar hacia otro lado. Aunque en el artículo “Comunicación y conflicto familiar durante la adolescencia”, de los profesores Parra y Oliva, las estadísticas demuestren que este tipo de comportamientos y situaciones problemáticas se dan en muy pocos casos, como buenos docentes debemos estar concienciados sobre ellas y saber afrontarlas. En este sentido, el artículo “Cómo nos ven, cómo los vemos” del número 320 de “Cuadernos de Pedagogía” nos parece muy ilustrativo:
“ Para educar entre adolescentes necesitamos conocer de una manera actualizada su mundo y, a la vez, convertir ese mundo en objeto de trabajo educativo […] y lo hacemos buscando su percepción del mundo, sus necesidades, sus ilusiones, y no la lista de los problemas que se supone padecen”. Y es que creemos que detrás de cualquier conflicto en la adolescencia, hay una persona maravillosa de la cual somos responsables, y que tiene siempre algo bueno, inquietudes, que debemos saber trabajar para acercarnos a su realidad.