Querida maestra,
No sé muy bien cómo comenzar esta carta sabiendo que es casi imposible que sepas que la he escrito, igual que es muy difícil que sepas que constituyes un referente importantísimo para mí. Es una lástima, porque supongo que a todo el mundo nos gusta que nos reconozcan el esfuerzo y la dedicación, no por vanidad sino por satisfacción ante el trabajo bien hecho.
Fuiste mi profesora en 3º de la E.S.O., en la asignatura que, desde que la impartiste tú, fue mi favorita. Además ese fue el curso más complicado para mí, donde más cambios experimenté y donde me enfrenté al mayor reto de mi adolescencia, que era empezar a definir mi identidad. Pero no eres la mejor profesora que haya tenido por unas razones tan circunstanciales como estas, sino por muchas cosas más importantes que llevo bien grabadas.
Geografía. La maldita geografía y los mapas políticos; ¿para qué tengo que saber dónde está Ulan Bator o Libreville, si ni siquiera son destinos turísticos?, ¿qué me aporta a mí conocer el clima de la Estepa Rusa?, ¿en serio un trabajo en grupo sobre el PIB?. Odiaba las ciencias sociales; mis profesores de 1º y 2º de la E.S.O. fueron horribles y no hice más que memorizar de un día para otro nombres y fechas y párrafos estúpidos. Afortunadamente siempre se me dio bien y, en comparación con el resto de compañeros, era una buena estudiante desde pequeña y siempre sacaba de las mejores notas. Pero era aburrido, absurdo y frustrante.
Y con ese hastío llegué al temido Instituto. Llegué y cambiaron los compañeros, el ambiente, los recreos (madre mía, ¡podíamos salir a la calle!), los profesores… Y llegó mi "pavo". Llegó un poco tarde, sobretodo para ser chica, pero era 3º de la E.S.O. y llegó con fuerza. Recuerdo que el primer día aparecí vestida con ropa de Zara niños y al finalizar el curso iba con la de Bershka y botas Mustang (sí, las malditas modas deberían desaparecer, sobretodo la época "bakala"). Ya ese primer día eché un vistazo alrededor y descubrí que para integrarme bien en el "insti" no podía llevar una camiseta tan holgada y cómoda; los cambios físicos que había ido experimentando desde hacía bien poco serían bastante más visibles, ¡qué vergüenza!, pero… ¿acaso no llevan todas camisetas ajustadas?
Te tocó hacer la presentación del curso, y aunque nos portamos muy bien porque casi no nos conocíamos al ser la primera clase, me caíste fatal. Primera hora del primer día y ya tuvimos que rellenar un examen (para “conocer nuestro nivel inicial”) y copiar los criterios de evaluación, además de presentarnos humillantemente ante el resto de compañeros, una idea monstruosa teniendo en cuenta que había algunos guapísimos y que quería hacerme la interesante…
En su momento te odié por hacer que la Geografía, que siempre había sido una "maría", nos ocupara tanto tiempo de estudio y trabajo. Todas las semanas tenía que reunirme con mi grupo de trabajo l(os jueves de 5 a 6, todavía me acuerdo) para completar la revista geográfica por la que nos evaluabas, hacer todos los ejercicios que mandabas e ir estudiando las lecciones de clase porque siempre preguntabas al día siguiente. El nivel de exigencia era muy alto, el más alto de todas las asignaturas, y eras muy rígida y jamás hubo problemas de comportamiento en clase; pero nunca fuiste dictatorial, siempre nos dedicabas una sonrisa y a veces contabas chistes. Y los trabajos sobre Japón, Egipto y Corea del Norte (los tres países que me tocaron) fueron los más apasionantes que he hecho en mi vida, y las tutorías que tuvimos juntas para prepararlos, las más motivadoras. La geografía política, la multiculturalidad, la comparación de las distintas políticas y niveles de desarrollo de los países y las sociedades, me abrieron todo un mundo, por no hablar de incentivar mi espíritu viajero. Por supuesto, todo esto lo guardaba para mí, no fuera a ser que mis compañeros descubrieran que me estaba convirtiendo en una "friki" de la asignatura más "hueso" de todas… había que guardar las apariencias.
Recuerdo el día en que Javi pegó a Alex por acercarse demasiado a su novia… toda la clase se reunió en dos bandos y cuando apareciste por la puerta aquello era la jungla. Yo, que era la delegada y por tanto la “abogada de pleitos pobres” como me llamaste, intentaba que dejaran de pelearse a voz en grito, no por el ruido que estaban montando ni los golpes que estaban sufriendo, sino porque el rol que había asumido era el de llevarme bien con todos para aspirar a ser la más popular o "miss simpatía". Qué tonta ilusa, jamás lo conseguí, porque es obvio que no son esas las cosas que en el "insti" se tenían en cuenta para ascender en popularidad. Apareciste en la clase, te metiste en la pelea y separaste serenamente a los "malotillos", que ante tu tranquila reacción se quedaron petrificados. No hizo falta que dijeras nada; todos nos sentamos y esperamos que comenzara la clase; nos hipnotizabas tanto que estábamos totalmente descolocados y expectantes. Al final de la clase te llevaste a Javi y Alex para hablar, y misteriosamente la "movida" acabó ahí y volvieron a ser los mejores amigos.
Pero el mejor recuerdo que me llevo de ti es cuando sabías que lo estaba pasando mal y me invitaste a hablar en tu despacho. Yo no sabía que ya habías hablado con mis padres preocupada ante mis cambios continuos de actitud y humor. Estabas realmente preocupada por mí, y eso significó mucho, tanto que me acuerdo que pensé que la vida podía ser maravillosa si la vivía como tú: transmitiendo la mejor de las lecciones, que es la del respeto y la inquietud por conocer el mundo.
No te conozco personalmente, pero estoy segura de que aprovechas las tardes para preparar concienzudamente tus clases y leer sobre adolescentes, y cada fin de semana descubres un sitio nuevo; tus vacaciones de verano seguro que son en los lugares más lejanos del planeta, y tienes tantos amigos de tantos países que has aprendido 8 idiomas.
¿Cómo no vas a ser un referente?
Es curioso al leer vuestras cartas como surgen los detalles más concretos sobre el profesor o situaciones vividas en aquella época. Algo también interesante es que el profesor que habéis elegido ha marcado algo fundamental en vuestra vidas como es la elección de vuestra carrera posterior. El valor del profesor es un aspecto que podemos decir en términos sociales y culturales ha cambiado, ha pasado de aquellos bruscos docentes que te soltaban un capón, al respeto y escucha, para terminar llegando a un momento donde necesitan una ley de respeto. Espero que entre todos lleguemos a recuperar esos valores importantes sin olvidar que también vivimos un momento de cambios y nuevos adolescentes y por tanto la importancia de saber llegar hasta ellos desde sus necesidades, pues no todas las generaciones son iguales y por tanto no todos los docentes pueden serlo. Mucho ánimo.
ResponderEliminarSaludos
SARA